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Disturbios humanos

La pesca industrial, el conflicto territorial entre naciones y las exploraciones petroleras, han ocasionado que parte del Ártico pase de ser un paisaje hermoso y natural, a un lugar amenazado y ensuciado por la presencia del hombre.

Pesca Industrial

La pesca es una actividad humana que provee de alimento a las comunidades ahí instaladas y que también representa una fuente de ingreso para su subsistencia.
Hasta cierto punto esto es sustentable, pues la cantidad capturada por los pobladores no llega a poner en peligro a las especies o causar un desastre ecológico; además, los pescadores conocen realmente su trabajo y utilizan métodos selectivos de captura, al igual que respetan los reglamentos y las temporadas de veda.

Por el contrario, la pesca industrial de arrastre es algo incomparable y alarmante. Ahí no existe control; las enormes redes de pesca capturan todo lo que haya a su paso sin considerar especies en peligro de extinción u otros animales que no necesariamente son de su interés y cruelmente son devueltos al mar…sin vida, heridos o en agonía. Capturan tanto pescado al día que resulta casi imposible que sus poblaciones puedan recuperarse. No existe una visión a futuro por parte de las empresas pesqueras, sino que buscan explotar en el momento el mayor número posible de materia prima para beneficio de sus corporaciones.

Recordemos que aunque existan extensos océanos y la mayor parte de nuestro planeta esté conformado por agua, no todas las especies de peces están distribuidas por todo el mundo. Hay regiones donde tienen alcance y otras donde no. Es por ello lo alarmante, porque no existe un control responsable de cuántos ejemplares se pueden capturar sin afectar el equilibrio ecológico. La escasez o extinción de un animal tiene un efecto dominó. No sólo afecta directamente a esa especie sino todas a su alrededor y a los que dependen de ella para subsistir.

Para tener una idea del tamaño de las redes de arrastre, imagínate un campo de fútbol. Tal y como lo lees.

Conflictos entre naciones

El Polo Norte es una tierra para todos. No existe país que sea dueña de esa parte de la tierra, sin embargo, esto podría cambiar en unos años. Actualmente, seis naciones son las que desean adueñarse de ese territorio para realizar exploraciones petroleras y otras actividades humanas bajo sus propias leyes. Fuentes confiables aseguran que en este tiempo de aparente calma, las fuerzas militares se están abasteciendo de armamento para en un futuro muy próximo, estar preparados para la guerra.

Para ellos, el calentamiento global no es un problema, sino una oportunidad para ocupar las zonas libres de hielo y así poder instalarse para comenzar las excavaciones petroleras o las pescas comerciales. Claro está, todos quieren las mejores zonas.

Ship in winter sea

Invasión humana en el Ártico

 

Petróleo

Poderosas empresas lideradas por potentadas personas, se están desplazando hacia las regiones árticas para explorar el fondo marino y extraer esa preciada mezcla de compuestos orgánicos que ha sido el detonante de múltiples guerras entre naciones: el petróleo.
Este llamado “oro negro” ha significado un gran avance para la humanidad, pero de igual forma, su explotación ha provocado que la temperatura global aumente, que los polos se vean afectados y que la mala planeación de su manejo traiga como consecuencia desastres ecológicos, siendo algunos de ellos irreversibles. Por si fuera poco, el ruido submarino producido por las enormes máquinas, es sinónimo de estrés y desorientación de la fauna marina, creando un desequilibrio en su ciclo natural de vida.
Lamentablemente, para estas personas cuya ambición es descomunal, el poder económico es mucho más importante que cualquier tema relacionado con la conservación ambiental.
Ellos buscan obtener alrededor de 90 billones de barriles de crudo, lo que se traduce a millones y millones de billetes a sus cuentas bancarias, asegurando el bienestar económico de sus familias, pero olvidando que dejan también como legado un mundo cada día menos puro.

Las mismas grandes empresas aseguran que detener un derrame de crudo es imposible y que no existe un método totalmente confiable para limpiar el agua helada.
Lo peor de la situación, es que varias de dichas corporaciones que ya han registrado catástrofes en exploraciones petroleras efectuadas fuera del Ártico, pueden tener la oportunidad de operar de nuevo con un simple pago de multa para solucionar el problema, pero la realidad es que las consecuencias van mucho más allá del dinero.

Existen varios factores causantes de los derrames de crudo. En primera por falta de una planeación preventiva, y en segunda, por el deterioro y falta de mantenimiento de las instalaciones. Pero ¿cómo permiten que operen en tales condiciones? ¿Por qué Greenpeace o alguna otra organización no hace algo al respecto? lamentablemente la corrupción entre del gobierno y la gente adquisitivamente poderosa es tema de todos los días, y los activistas ecológicos muchas veces son reprimidos, atacados e incluso, encarcelados.

¿Cómo afectaría un derrame de petróleo en el Ártico?

La poca visibilidad debido a los fuertes vientos que levanta la nieve, la total oscuridad de la noche, los bloques de hielo marino y el frío intenso, hace que los trabajos humanos sean mucho más complicados y la posibilidad de errar muy elevada. Las consecuencias serían totalmente devastadoras tanto para la fauna como para los asentamientos humanos que dependen de los recursos naturales que el Ártico les provee.

Existen formaciones naturales y únicas que se han ido creando desde años atrás y que podrían destruirse en un instante si el hombre llegara a romper la continuidad.

Un derrame de petróleo puede afectar a la vida silvestre de diferentes maneras: la sustancia aceitosa y pesada altera el plumaje, el pelaje y piel, reduciendo las propiedades térmicas que los mantienen con vida; la ingesta e inhalación de alimentos contaminados causan deterioros su organismo, y por último, la reducción del alimento o de las presas por mortandad. Cualquier animal puede verse afectado; recordemos que todo ello es una cadena alimenticia y por lo tanto, un efecto consecuente.

Para las poblaciones indígenas que dependen de la pesca, sería catastrófico, ya que no podrían comercializar ni tampoco alimentar a sus familias con alimento invadido por tóxicos letales.

Si nos vamos años atrás y revisamos el historial de trabajos que el ser humano ha hecho fuera del Ártico, podremos darnos cuenta de que aún se necesita mucha infraestructura, planeación y destreza para operar bajo condiciones arduas sin alterar el medio ambiente.

A continuación mencionaremos un ejemplo de una de las tragedias ecológicas que más han marcado con rojo el historial de las actividades productivas del hombre en las zonas cercanas al Ártico, ya sea por falta de planeación, responsabilidad o sentido común, pero lo importante aquí es que todo ello a afectado a seres vivos inocentes, por lo que no podemos permitir que esas corporaciones lleguen a las regiones árticas y conviertan el paraíso en un paisaje de terror.

Exxon Valdez
No es un caso de hace muchos años, así que si tienes más de 30 años de edad probablemente lo recordarás. Un buque petrolero con destino a Long Beach, California, encalló en la Bahía del Príncipe Guillermo ubicado en el Golfo de Alaska en el año de 1989, provocando uno de los mayores desastres de la historia. Nada más que 257,000 barriles del hidrocarburo fueron vertidos en el mar.
Dispersantes químicos, quemas y uso de microorganismos para desintegrar manchas de petróleo, fueron utilizados por 11,000 colaboradores como remedio para limpiar las zonas afectadas y tratar de salvar la máxima cantidad de fauna posible. 2,000 kilómetros de costa se cubrieron de negro y la vida salvaje sufrió graves daños.
Saldo : Murieron 250,000 aves marinas, 22 orcas, 2,800 nutrias marinas, 300 focas y miles de peces. ¿Dejaremos que este tipo de industrias lleguen al Polo Norte?